sábado

Cuando mirabas la llegada del tren..


(...) estiraste tu mano y la abrías una y otra vez. Empuñabas el aire y masticabas el rayo del sol entre los labios. Cuando frente a tus ojos (en tus ojos) veías bajar al sueño, sólo te sacabas el sombrero festejando su llegada. Gritabas, dabas vueltas alrededor de la euforia, te pellizcabas para saber si era un sueño. Cantabas, te sentabas velozmente y te parabas lentamente, rozabas con tus manos la frente del viajero. Lo invitaste a que se siente en tu merienda de aire fresco. Pasaron horas. Y en el soplo del tren los dos saludaron al gorrión contador del cuento del viento. Y con la mirada vestida de amor saludaron al amor.. a toda intención de equilibrio. Y amaron ver desnudo al sol y ver la vestimenta mojada de la luna. No dijeron adiós, dijeron verse en otra estación..

El horror de mi infancia..

(...) era que yo sabía que se acercaba el tiempo en que debería renunciar a mis juegos y eso me parecía intolerable. Entonces resolví seguir jugando en secreto. Y no es que a uno le moleste crecer. De paso, crecer no es una actividad relacionada con el tiempo, sino con el espacio. Ser grande no es ser viejo, ¡es otra cosa muchachos! Pero siempre he tenido la sorpresa de que el orden establecido y sus secuaces manifiestos o encubiertos se interesan muchísimo en que uno abandone la niñez para que deje de jugar. Digo, para que uno abandone esa gravedad de los chicos que juegan.. esa solemnidad.. Quiero decir que los chicos que juegan, no juegan por dinero, ni por obligación. Juegan porque les gusta. Y juegan al juego que les gusta y con la gente que les gusta y sino, no juegan. No juegan por codicia y además lo hacen seriamente, sin ese cinismo que viene después con aquello que suele llamarse madurez. Yo creo que de ahí quieren sacarnos para convertirnos en personas resignadas a nuestra suerte, por mediocre que sea esta suerte. Finalmente hay gentes vulgares que desprecian a los que siguen jugando, a los que siguen soñando, a los que siguen engrandeciéndose, no creciendo.. Mejor dicho: sí creciendo, no envejeciendo. Quieren que no seamos esa gente que se arriesga en cada cruce, esa gente que juega fuerte como si cada baraja fuera la última.

Y al final..

(...) como era sabido, la vida era eso y la muerte ponía todo en su lugar. Limpiaba la casa y cerraba la puerta para decir:"esto fuiste". Y ante el miedo representamos un papel a veces sin querer hacerlo; otras, con la esperanza de recuperar algo que no sabíamos ni qué olor tenía. Cómo era cuando empezamos? Qué nos impulsaba a seguir adelante? Por qué? Dónde está lo que nos sujeta a ser felices? Qué pequeña alegría viene a llenar los minutos de hoy? Y así sucede.. nos quedamos esperando a la vida, como si la vida fuera otra cosa; sin saber que ese tiempo del futuro no es más que éste. Que este tiempo es lo único que tenemos, rebelde a los límites y las barreras. Que somos nuestro rostro y nuestra piel con las huellas de los años repetidos.. sin miedo a estrellarse, al error, siempre con subidas y bajadas, con buenos y dulces momentos, llenos de oportunidades, de esperanza. Descubriendo quién es cada uno en cada paso, dejándose sorprender por lo inesperado, sin dejarse asustar por el cambio.. por la vida imprevisible que abre las ventanas como el viento y lo cambia todo. Agarrados a lo único que tenemos: los minutos, las horas, los días, el proyecto de vivir! La posibilidad de cambiar y seguir caminando, aferrados a la vida con ganas de más, siempre. Y la muerte.. la muerte es lo de menos.